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lunes, 1 de febrero de 2010

Feliz capicúa



Pues sí, hoy es capicúa. Pa morirse.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Measuring Type



Hace un año os hablé de ecofont, una tipografía con la que se reduce considerablemente el consumo de tinta. Ahora, leo en Swissmiss que dos diseñadores creativos estadounidenses han comparado una selección de las tipografías utilizadas más comúnmente para averiguar cuáles son los niveles de tinta utilizados. Utilizaron Bic's cristal (que como bien sabes, escriben normal), permitiendo que el nivel de tinta restante mostrase la eficiencia de cada tipo de letra.


Todo esto es en realidad una excusa subliminal para que os unáis a mi cruzada personal contra la Comic Sans, que ahora además de la estética tengo la ecología de mi lado...

sábado, 26 de diciembre de 2009

Vértigo cósmico


¿Aburrido? te ofrezco un viaje que no te dejará indiferente.

Los científicos del Planetario Hayden han rodado esta simulación que contiene imágenes de todo el Universo conocido. El mapa más completo en cuatro dimensiones de lo que viene a ser el mundo mundial propiamente dicho. Ahí es nada. Más de una década de investigaciones condensadas en menos de siete minutos de abrumador vértigo cósmico.

Dale al play y siéntete una ladilla. Quien dice ladilla dice hormiga, tu ya me entiendes.


jueves, 10 de diciembre de 2009

El puente de Tacoma Narrows



¿Conoces la historia del puente de Tacoma Narrows?

Para no entrar en detalles técnicos (que yo controlo a la perfección pero se que vosotros no entenderíais jamás...), os pongo el vídeo, que es el motivo y lo interesante de este post, pero os explico brevemente que se trataba (en pasado) de un puente colgante de más de kilómetro y medio de longitud construido en 1940 en Norteamérica, que se colapsó a causa de un fenómeno físico conocido como flameo, y que en aerodinámica viene a ser como salir de marcha con Pocholo, que al principio te hace hasta gracia pero a medida que van pasando los minutos te vas cargando y al final te dan ganas de asesinarle.

El flameo, una inestabilidad derivada de una sobrecarga de energía acumulada (la definición es mía, así que no te fíes demasiado, tienes otra más profesional pero igual de ininteligible aquí), provocaba que el puente se deformase y ondulase, de modo que los conductores veían a los vehículos que se aproximaban desde la otra dirección aparecer y desaparecer en ondas (u hondonadas, que diría Manquiña). Aunque en un principio se valoró que no presentaba peligro estructural (¡solo llevaba 4 meses en pie!), aquella mañana, que no era especialmente ventosa, la torsión acumulada provocó la falla del puente (coño, qué bien hablo!): la amplitud del movimiento fue creciendo hasta colapsar los cables de suspensión, y cuando estos fallaron, el peso de la cubierta fue transfiriéndose al resto hasta que casi toda la cubierta central cayó al agua.

Aunque los minutos fueron dramáticos, la única víctima fue un cocker spaniel llamado Tubby (dato científico fundamental que le da a la historia un giro de 180º), que acojonado, no pudo salir del coche en el que viajaba, y que se puso tan nervioso que mordió a uno de los rescatistas que trataba de salvarle.


Hoy día el ejemplo del Tacoma Narrows bridge -que fue sustituido por otro en condiciones-, sigue mostrándose en escuelas de ingeniería, arquitectura y física de todo el mundo para explicar las diferencias entre resonancia y flameo (pero esto se merece otro post), y para hacer entender la necesidad de disminuir el efecto del viento construyendo puentes más aerodinámicos y menos esbeltos.

Por cierto, en este time-lapse puedes comprobar que el tráfico provoca que en el puente de Manhattan pase algo parecido:

vía: cgr20

Quién me lo iba a decir: mi segunda entrada hablando de puentes. A ver si además de una diseñadora pelirroja llamada Bob también llevo dentro una ingeniera... se lo comentaré a mi psicoterapeuta, a ver, y ya os cuento...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Henry Molaison y la amnesia anterógrada



Hace tiempo os hablé de la Hipermnesia, esa intrigante broma que algunos cerebros gastan a sus portadores provocando que lo recuerden todo, absolutamente todo, con todo lujo de detalles. Está mal que yo lo diga pero fue una buena entrada, échale un vistazo si tienes tiempo.

Hoy vengo a hablar del caso contrario, el de Henry Molaison, el paradigma de la pérdida de recuerdos durante los últimos cincuenta años, el paciente más famoso de la historia de la neurología, poseedor del cerebro más interesante y reseteado del mundo.

Durante todo ese tiempo, hasta su fallecimiento hace hoy exactamente un año, permaneció recluido en una institución de Connecticut, viviendo cada día con una incapacidad total de generar nuevos recuerdos, olvidando en pocos segundos las conversaciones que acababa de mantener, las palabras que acababa de leer, las caras que acababa de conocer.

Molaison no recordaba los nombres ni rostros de las personas que le visitaban a diario, como médicos y vecinos, ni por supuesto el grado de confianza o cercanía que compartía con ninguno. Suzanne Corkin, la que fue su doctora durante 46 años, tenía que presentarse cada vez que entraba en su habitación. Molaison nunca reconoció la figura que se encontraba cada mañana frente al espejo, incapaz de imaginarse a sí mismo con otra edad diferente a los 30 años, el momento en el que se congeló su vida. Cada mañana, se daba cuenta de que el lugar en el que despertaba era un hospital, pero no entendía por qué se encontraba allí.

Al parecer, cuando Molaison tenía 9 años, perdió el conocimiento después de que le atropellaran con una bici, y a partir de entonces comenzó a presentar episodios de epilepsia, que fueron empeorando progresivamente durante los siguientes 20 años, impidiéndole trabajar y desarrollar una vida normal. Fue entonces cuando a un crack de la medicina se le ocurrió la genial idea de extirparle por completo el foco de la epilepsia, el hipocampo, que para desgracia de Molaison es la zona del lóbulo temporal directamente implicada en la creación de nuevos recuerdos y una de las primeras áreas que sufre daños en los pacientes de Alzheimer. Tras la operación siempre pudo recordar perfectamente todo lo ocurrido antes de la misma, y los ataques epilépticos desaparecieron casi por completo. Además presentaba un gran sentido del humor, y su cociente intelectual aumentó hasta superar el de la media del resto de los mortales. Pero desde entonces fue siempre incapaz de formar nuevos recuerdos.

Todos los días eran únicos, igual que cualquier alegría o tristeza. Él mismo lo describía como pasear por un sueño, en el que comenzaba a darse cuenta de lo que le rodeaba pero sin llegar a comprender totalmente la información porque no recordaba lo que acababa de ocurrir. Se preguntaba continuamente si acababa de hacer o decir algo mal. Leía cada día la misma revista sin que le resultase familiar. Realizaba el mismo puzzle un día tras otro. Veía cada día las noticias pero para él el Presidente era siempre Eisenhower (imagínate qué agobio si te pasa con Ansar...). Cada vez que preguntaba por su tío y le contaban que había fallecido, revivía con la misma intensidad el dolor, sin el menor síntoma de habituación, aunque afortunadamente enseguida volvía a olvidar la tragedia y por tanto dejaba de sufrir.


El único modo de arañar unos segundos a su memoria era realizar repeticiones verbales continuas, pero como le interrumpiesen volvía a olvidarse. Tras años repitiendo el recorrido, consiguió aprender el modo de llegar a su casa, y con el tiempo llegó a ser vagamente consciente de la muerte de su padre y del asesinato de Kennedy, pero después de meses empaquetando a diario encendedores en el centro estatal de rehabilitación, era incapaz de recordar en qué consistía su trabajo o incluso que lo tenía. No le tenían que vacilar ni nada los celadores...

A muchos de vosotros ya os habrá venido a la cabeza la película Memento, ¿verdad?. Al prota le pasaba lo mismo que a Molaison, pero a él le sucedía a raíz de un trauma: el asesinato de su mujer. Este era su último recuerdo, de modo que cientos de veces al día lo revivía con la misma intensidad, tal y como si hubiese acabado de suceder. ¿Puedes hacerte una idea de lo que eso puede llegar a suponer?. Para colmo el protagonista se empeña en dar caza al asesino, pero olvida continuamente sus investigaciones, no recuerda las caras ni de quién puede o no fiarse, de modo que diseña un sistema tatuándose verdades absolutas y fotografiando a quien le rodea con una Polaroid y anotando en las fotos sus impresiones:


En 1962 los médicos llevaron a cabo otro experimento con Molaison (esta vez afortunadamente mucho menos drástico que el primero), que volvió a sacudir a la comunidad científica. Le colocaron enfrente, sobre una mesa, un folio con una estrella dibujada y en vertical un espejo enfocando hacia él en el que también se veía reflejada la estrella, pero no le dejaban mirar a la estrella del folio sino a su reflejo del espejo, y le daban un lápiz para que trazase su contorno en el propio folio. El experimento no es fácil de ejecutar en principio, pero sorprendentemente, y a fuerza de repetirlo muchas veces, Molaison acabó ejecutándolo con soltura, de manera motórica, igual que uno no olvida cómo montar en bici a pesar de que pase mucho tiempo.

La desafortunada experiencia de Molaison demostró a los científicos lo esencial del hipocampo para poder generar recuerdos a largo plazo, y que la memoria es un fenómeno independiente de otras capacidades mentales como la consciencia o la percepción sensorial. Con el segundo experimento confirmaron además que la memoria presenta diferentes tipos y ubicaciones: la explícita (recordar datos, teléfonos, capitales...), que es la que Molaison perdió y que controla el hipocampo, y la implícita o de procedimientos (como montar en bici, cortar el césped o tocar el piano, si es que te acuerdas de dónde has dejado el piano, claro...) que reside en zonas que él mantenía intactas, como el cerebelo o los ganglios basales.

Hoy el caso ha vuelto a ser noticia porque mientras escribo, y gracias a la altruista donación cerebral de Molaison, emiten en directo la meticulosa operación mediante la que cortan en 2600 finísimas lonchitas su cerebro (te recuerdo ya está muerto, no te vayas a pensar...), y sacan a cada una 40.000 fotografías en alta resolución. Tras la operación, que durará unas 30 horas (apasionante) el material será compartido a través de internet para que los científicos de todo el planeta puedan tener acceso a él y colaborar en la investigación, que ayudará además a crear un "atlas digital" que contenga cerebros con afecciones como el Alzheimer o el Parkinson y que puedan ser comparados con otros sanos.

Claro que conseguir los cerebros sanos para esta última parte es lo que se me antoja más complicado...

vía: Fogonazos

viernes, 27 de noviembre de 2009

Tus ojos mienten

te lo digo desde el cariño, pero te mienten.


La finalidad de esta entrada es básicamente comprobar el grado de confianza ciega que me profesas.

Yo te juro que los cuadros A y B tienen el mismo color de fondo. Sin trucos. ¿Me crees?

Cuando finalmente decidas, erróneamente, fiarte más de tus instintos que de mis siempre infalibles afirmaciones, y pensar que tienen un color de fondo diferente, comprueba cuánto te equivocas pinchando aquí.

Para los que aún así continuáis desconfiando, os recomiendo que os replanteéis si esos vaqueros que no os quitáis de encima os quedan en realidad tan bien como pensáis...

Muy buen fin de semana!!


martes, 20 de octubre de 2009

Mapas II



A veces me dan pena algunas entradas que escribí cuando comencé a alabinbonbanear, porque con el paso del tiempo las pobres se han quedado relegadas al olvido, o porque por aquella fecha los lectores del blog se podían contar con los dedos de una mano (lo cual no ha cambiado demasiado, todo hay que decirlo!).

Pero hoy he visto estas dos imágenes que me vienen que ni pintadas para recordaros esta entrada, una de mis favoritas, en la que os enseñaba como saber cuales son las antípodas de cualquier parte del mundo y compartía un mapa en el que se podía comparar perfectamente el tamaño entre Europa y América del Norte.

En la primera imagen de hoy, como veis, se compara Estados Unidos y la siempre inquietante Antártida (la imagen es de la web de la NASA), y en la segunda se concreta el asombroso tamaño del continente africano.


Aprovecho para recordaros esta otra entrada que también me encanta y que también va de mapas, pero sobre todo de tópicos!


lunes, 15 de junio de 2009

Solsticio de verano en Cuatro Puertas, Telde



Hace tiempo (seis meses, para ser exactos) Igor me reprochó que hablase del solsticio de Newgrange en Irlanda y no nombrase que algo similar ocurre en el yacimiento arqueológico de Cuatro Puertas de Telde (Gran Canaria), que me pilla un pelín más cerca.

Pues ahí voy. Que conste que la mayoría del texto está copiado del periódico digital Teldeactualidad (aunque las borderías son mías), que aunque el New York Times sea mi diario de cabecera, es de justicia decir que el teldense no le anda a la zaga. Creo que es la primera vez en mi vida que escribo zaga. Zaga. ZAGA. zAgAAAAAAAAA. ZaGGGGGGa... Bueno, ya está, que me pierdo.


La cosa es que en los días cercanos, anteriores y posteriores, al solsticio de verano, los rayos solares penetran por la tercera y cuarta zagaaaaaaaa puerta del yacimiento, ofreciendo curiosos efectos visuales a quien se detiene en observar la acción del sol en el interior de esta amplia cavidad excavada a mano en la toba volcánica de Montaña Bermeja.


El yacimiento de Cuatro Puertas, Monumento histórico-artístico desde 1972, es un recinto ceremonial muy singular situado a 300 metros sobre el nivel del mar, compuesto de silos, caminos y pasillos distribuidos en los 17x7 metros de su superficie. Se compone de cuatro aberturas orientadas hacia el norte (de ahí el nombre: la imaginación al poder), que dan paso a una plataforma horizontal donde se encuentran excavados una veintena de agujeros. “En los días cercanos al solsticio de verano en los ortos y en los ocasos, los rayos solares entran por la tercera y cuarta puerta, uno de ellos en forma de flecha debido al efecto de perspectiva que hace la cuarta pared. Los rayos recorren el suelo de la cueva hasta alcanzar la pared sudoriental de ésta llegando a tocar una pequeña cazoleta situada en la esquina justo antes de ponerse el sol por detrás de las montañas”, explica el astrónomo José Carlos Gil.


“Existen crónicas que nos hablan de festividades de los aborígenes conectadas con la posición del sol, la luna y las estrellas, vinculadas también con los ciclos agrícolas. El mundo mágico y religioso aborigen estaba conectado con el ciclo vegetativo”. “Los cultos astrales constituyeron una constante en casi todas las islas. El sol y la luna fueron venerados por los antiguos canarios”, señala Gil.

Para celebrar este solsticio, el Cabildo de Gran Canaria ha organizado una visita guiada y gratuita, prevista para el próximo sábado 20 de junio a partir de las 19.15 horas, y conducida por José Carlos Gil, miembro de la Agrupación Astronómica de Gran Canaria.



lunes, 1 de junio de 2009

¿Tenemos tiempo para la belleza?



¿Qué es exactamente? ¿Sabemos realmente apreciarla? ¿Seguro? ¿Aunque venga sin enmarcar y te salga gratis? Me explico, me explico... 

En la estación de metro de L'Enfant Plaza, en Washington, una fría mañana de un viernes de enero, un músico callejero se aposta en una zona de paso, junto a una papelera, y comienza a tocar su violín. Las arcadas de la estación generan una acústica inmejorable. Durante 45 minutos, interpreta seis piezas clásicas, y 1.097 personas pasan frente a él de camino a sus trabajos o para llevar a los niños al colegio.

Como es natural, los transeúntes deciden libremente si les gusta o no la interpretación, si pararse a escucharlo, si aplaudir en las pausas, o si ponerle una moneda o tal vez un billete en su estuche vacío.

Lo que ninguno de ellos sabe es que ese treinteañero en vaqueros, camiseta y gorra de béisbol, es uno de los más afamados violinistas del mundo, tocando seis de las piezas clásicas más complicadas y valoradas por los expertos, con uno de los Stradivarius más valiosos del planeta, por el que pagó 3.5 millones de dólares. Incontestable.


Se trata del que ves en esta última imagen: Joshua Bell (Indiana, EEUU, 1967), en un tiempo niño prodigio y aquel día del 2007, con 39 años, un virtuoso aclamado internacionalmente, cuyo público paga una media de 100 dólares por localidad para asistir a uno de sus conciertos en las mejores salas del planeta. Y todo ésto fue organizado por el Washington Post, donde leí sobre ésto, como parte de un experimento sobre la percepción, el gusto, y nuestras prioridades.

Y bien, ¿qué crees que pasó?...

Venga, va, mójate, son unas 1.000 personas pasando... ¿cuántas crees que se pararon? ¿cuántas le echaron alguna moneda? ¿se encontrará el músico callejero billetes en el estuche? ¿cuánto dinero crees que pudo haber recaudado?

Vaaaale..., te cuento...

Tuvieron que pasar tres minutos antes de que algo sucediese. De repente, un hombre de mediana edad simplemente, se giró y miró al violinista. Tuvieron que pasar 63 personas para que una de ellas diera muestras de que advertía su presencia. Sí, vale, el hombre continuó caminando, pero por lo menos ya era algo.

En los siguientes minutos, la cosa no mejoró demasiado. Durante toda su interpretación, de las 1.097 personas que pasaron por delante, sólo 7 llegaron a pararse a escuchar (algunas con vehemencia, todo hay que decirlo), al menos durante un minuto. Joshua Bell gana en sus conciertos unos 1.000 dólares por cada minuto de interpretación. Pero aquella mañana, en el metro, sólo 27 personas le dieron dinero: 32,17 dólares en total. Sí, algunos incluso le dieron peniques.

Entonces, ¿qué es lo que falla? Sí, vale, muchos de los transeúntes tendrían prisa, otros llevarían el iPod a tope, y otros evitarían la culpabilidad de no dar un donativo escapando del cruce de miradas, ¡pero estamos hablando de 1.000 personas!

No parece existir un patrón étnico o demográfico que distinguiese a quienes se pararon a escuchar a Bell de los que se decidieron a darle dinero o de la aplastante mayoría que simplemente siguió caminando. Blancos, negros, asiáticos, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres... Sólo un grupo mostró un comportamiento absolutamente consistente: todas y cada una de las veces en que durante los 45 minutos un niño o una niña pasó por delante, siempre intentó pararse a mirar. Y todas y cada una de las veces, el adulto que le acompañaba se lo impidió.

¿Se trata acaso del contexto? ¿reconocemos la belleza en un contexto inesperado? ¿nuestra apreciación depende del lugar y de nuestro estado de ánimo, como afirmó Kant? ¿de la novedad? 

De acuerdo, aceptemos que no podemos observar lo que ocurrió esa mañana y sacar conclusiones acerca de la sofisticación o la capacidad de la gente para apreciar la belleza... ¿Pero qué hay de nuestra habilidad para apreciar la vida?... 

Si nuestras prioridades hacen que nos resulte irrelevante, que nos volvamos sordos y ciegos, si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar música de la mejor... ¿qué más nos estaremos perdiendo?

Malos tiempos para la lírica...


sábado, 30 de mayo de 2009

El cruce de Shibuya



Hoy toca ración de rollito Japón, que ya lleváis varias semanas sin vuestra dosis oriental y empiezo a percibir nerviosismo en el ambiente...


¿Sabes esa sensación que tienes cuando descubres una palabra, un cantante o cualquier otra cosa por primera vez y los días siguientes te parece que te lo encuentras hasta en la sopa? Pues a mí últimamente me pasa con Murakami (el artista, no el escritor), tanto que hasta ha llegado a darme miedo... Y me pasa también con el cruce de Shibuya del que os vengo a hablar hoy, a ver si compartiéndolo me lo quito de encima... Por cierto que los dos temas son japoneses... no, si al final tendré que hacérmelo mirar...

Este cruce protagoniza una de las imágenes más populares de Tokio, es probable que lo hayas visto mil veces y ni te hayas dado cuenta. Es un paso de cebra, situado en el barrio de Shibuya, al oeste de Tokio, y que lo que tiene de especial, aparte de que tiene forma de cruz y se puede atravesar en las cuatro direcciones (lo entenderás fijándote en las imágenes), es que es el más transitado del mundo, con una media de un millón de personas al día... repito: un millón de personas al día... una auténtica marea humana que inevitablemente me recuerda las calles de Blade runner y las pelis de zombies... que mira por cierto que son perseverantes los zombies, eh, que casi se merecen un post y todo. Igual otro día.


Los japoneses, a los que no se les escapa una, han llenado todos los rascacielos y edificios futuristas de alrededor del cruce y la estación de Shibuya con anuncios de neón y cinco enormes pantallas de televisión. Como en Picadilly Circus o Times Square, pero a lo bestia y con grafía incomprensible. Menudo agobio.

De hecho, las autoridades japonesas están empezando a instalar colectores de energía (me he inventado el nombre, creo), para aprovechar las pisadas de la gente, acumular la energía generada, y utilizarla para mantener en funcionamiento las pantallas de la estación, semáforos, luminarias, etc. Puedes leer un poco más sobre ésto aquí y aquí.



Las calles del barrio de Shibuya, uno de los distritos más coloristas y frecuentados del país, son una atracción turística en sí mismas, una verdadera pasarela de moda, tendencias y luces de neón, y lugar de paso obligado para conocer lo más cool del ambiente nocturno japonés. 


¿Recuerdas en Lost in translation la parte en la que Scarlett Johansson y Bill Murray van con unos amigos al karaoke (una de las aficiones favoritas de los jóvenes nipones) o a una sala de juego, y en otro momento comen lo que ellos mismos cocinan en un restaurante? Pues todo éso fue en el distrito de Shibuya.





Una de los lugares más habituales para quedar con alguien en Tokio es junto a la estatua de la plaza Hachikōo, junto al cruce de Shibuya, dedicada a un perro que esperó allí durante años a su difunto amo: 


También es tradición subirse al Starbucks desde el que se pueden sacar fotos magníficas del bullicioso cruce:

Acojona, ¿eh?


El barrio también es conocido por sus game centers, tiendas de música, videojuegos y anime, y por sus Love hotels, en los que los japoneses encuentran un refugio alquilable por horas para hacer cochinadas. Tienen decoraciones y ambientaciones de lo más curioso: te puedes encontrar una habitación en forma de castillo gótico en miniatura, de templo del Extremo Oriente, de pirámide egipcia o ambientada en diferentes películas. Tienen camas vibratorias, espejos, instalaciones sado y cámaras de vídeo con cintas take away. Además las habitaciones se pueden seleccionar en un ordenador a la entrada según tus preferencias, de modo que no tengas que enfrentarte con la mirada inquisidora del recepcionista al preguntarle si tienen libre la habitación de los Fraggel...


Kit bondage de Hello Kitty en un Love Hotel


Pasos de cebra, sadomasoquismo y los Fraggel... ¿dispersión? ¿qué dispersión?