
Tal y como hiciera Ferrán Adriá con la tortilla española, el fotógrafo Ken Rogowsky deconstruye ositos de peluche, esos pobres peludos que hacen de tripas corazón y aguantan estoicamente nombres absurdos, tirones, estrujamientos y lagrimones varios.
Ya era hora de que alguien nos hiciese apreciar por dentro y aceptar las cicatrices de quienes han vivido, amado y perdido tanto como sus dueños. Lo dice Ken, que yo soy cursi pero lo justo...
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